Gracias por estar esta noche con nosotros donde
juntos celebraremos estos diecinueve años de trabajo humanitario en la Costa
Pacífica, gracias al apoyo que mes a mes muchos de ustedes no han dudado en
ofrecernos.
Su presencia en esta significativa ceremonia es el
mejor estímulo para todos los que integramos este equipo de trabajo en una
tarea que ha venido caminando casi solitaria, ante una indiferencia
generalizada, en uno de los pocos países
que en el mundo moderno enfrenta un absurdo y fraticida conflicto, en medio de la
injusticia, corrupción, miseria y abandono más cruel de nuestra
historia.
Soy un convencido de que en Colombia
nada ni nadie hará posible que las cosas cambien para mejorar, sino hasta el día que todos y cada uno de nosotros
cambiemos nuestra actitud frente a nuestra
realidad, y para esto bien valdría la pena hacer un ejercicio de introspección
reflexiva, donde podamos visualizar nuestro verdadero aporte y compromiso con la justicia y paz social.
El solo hecho de que nosotros no seamos directamente
los actores generadores del conflicto y
de la violencia, no significa que estemos necesariamente comprometidos con la
paz y la justicia social; así como tampoco el solo hecho de cerrar las puertas
de nuestras casas significa que estamos
logrando seguridad familiar; sofismas estos que muchas veces nos alejan
de la realidad y por ende de un verdadero
compromiso, retardando así
el logro de una Colombia mas
justa y en paz, compromiso este que siendo irrenunciable e ineludible debe ir
mas allá de nuestras parroquiales fronteras, puesto que para su logro se
requiere un verdadero compromiso de
participación solidaria.
Pero no debemos
confundir el ser solidario con el simplemente hecho de dar lo que nos sobra; y mucho menos el ser solidario es desprendernos de lo que
nos estorba o de lo que ya no nos sirve; el ser verdaderamente solidario es el tener la voluntad para unirnos a pesar de las
diferencias y dificultades que en mayor o menor medida todos enfrentamos
diariamente, para compartir de lo nuestro un poco, con aquellos que nada
tienen, procurando que la mano izquierda no se entere de lo que hacemos con la
derecha.
Tristemente hoy
somos indiferentes a casi todo lo que no comprometa nuestros predios, es
así como somos indiferentes a la democracia, a la miseria, y la corrupción,
quedándonos sin capacidad de asombro
ante las masacres y grandes calamidades, las que por lo general contemplamos
cómodamente por televisión, concluyendo,
que si el problema no es conmigo o con
mis cercanos no hay nada de que preocuparnos.
Lejos de pretender mostrar a la Patrulla Naval, como
la panacea de la solidaridad, sí estoy
seguro que si todos coincidiéramos en un frente común, llámese como quiera
llamársele, para luchar y derrotar no a la pobreza sino a la miseria, a la
injusticia y al abandono, nos sorprendería el saber cuando hagamos el balance final de cómo pudimos hacer tanto, con tan poco.
Los colombianos debemos sacudirnos de este mal que
nos agobia y para esto debemos empezar por creer más en nuestras infinitas
posibilidades de servicio hacia los demás, para luego unir todos nuestros
talentos y recursos con la seguridad de
que todo amanecer siempre ha tenido que transitar a oscuras para superar
la noche.
Los vallecaucanos no podemos seguir creyendo que el
Pacífico se reduce a Buenaventura, Guápi y Tumaco,
los vallecaucanos debemos solidarizarnos con miles de negros, indios y mulatos victimas de la violencia generalizada
quienes regados por toda la selva
y la costa de nuestro lejano
litoral, huyen hoy de sus parcelas por entre la lluvia, el barro y la niebla, arrastrando con ellos a sus
pocos enseres y sus numerosos hijos
hacia un futuro incierto.
Este tema del desplazamiento en el Pacífico,
para testimoniarlo no hay que navegar
días y noches, este tema de los
desplazados del Pacífico está hoy a solo dos horas de este lugar, y lo
podemos vivenciar en el Bajo Calima y
sus asentamientos vecinos, lugar éste,
donde tenemos sembradas muchas de nuestras esperanzas desde hace
diecinueve años, esperanzas de un futuro
mejor para sus niños, pero que
irónicamente fue muy poco y casi nada lo que pudo significar nuestro
apoyo en los últimos días cuando más lo necesitaron, por falta de elementales
recursos como ropas y alimentos.
Y es aquí
donde yo me pregunto: ¿ Si ésta fue nuestra respuesta con una comunidad que está
tan cerca de gentes como nosotros
que lo tenemos todo, o casi todo, qué será lo que
pueden esperar de la Colombia
solidaria en el inmediato futuro los compatriotas que viven en las alejadas
regiones de Bojaya
y Juradó?.
Finalmente
quiero terminar estas elementales reflexiones asegurándoles que en
este nuestro maravilloso
país solo vamos a lograr justicia y paz
social, cuando dejemos de lado nuestra indiferencia y comprometiéndonos con la justicia y paz social,
participemos juntos, convencidos que nadie distinto a nosotros mismos sabrá encontrar remedió a
nuestros propios males......
Gonzalo Concha
Fundador y Director General
Ceremonia del decimonoveno aniversario de fundación.
Santiago de Cali, Junio 25 del 2004